Cuenta el periodista Alfredo
Mejías que para los años 30 y 40, en Barcelona funcionaban tres zapaterías, una
de ellas estaba en la calle Juncal, propiedad de los Bajares Lanza, donde
actualmente funciona el depósito de la alcaldía del municipio Simón Bolívar.
Otra venta calzados estaba regentada por la familia Parella, fabricante de
zapatos italianos y la tercera en la calle Bolívar adyacente a la calle San
Carlos. Dice el otrora telegrafista y comunicador social Mejías que ponerse un
traje elaborado por cualquiera de los tres sastres de Barcelona, que laboraban
en esa época, era una obra de arte. Los confeccionistas, representado por
Emilio Ojeda, Laureano Peraza y Pedro Scott. Para ello, utilizaban siete varas
de tela, para luego tomar las medidas y coser el modelo solicitado por el
cliente, aparte de expender los famosos sombreros Tudela.domingo, 21 de abril de 2019
Zapaterías de Barcelona en los años 30 y 40
Cuenta el periodista Alfredo
Mejías que para los años 30 y 40, en Barcelona funcionaban tres zapaterías, una
de ellas estaba en la calle Juncal, propiedad de los Bajares Lanza, donde
actualmente funciona el depósito de la alcaldía del municipio Simón Bolívar.
Otra venta calzados estaba regentada por la familia Parella, fabricante de
zapatos italianos y la tercera en la calle Bolívar adyacente a la calle San
Carlos. Dice el otrora telegrafista y comunicador social Mejías que ponerse un
traje elaborado por cualquiera de los tres sastres de Barcelona, que laboraban
en esa época, era una obra de arte. Los confeccionistas, representado por
Emilio Ojeda, Laureano Peraza y Pedro Scott. Para ello, utilizaban siete varas
de tela, para luego tomar las medidas y coser el modelo solicitado por el
cliente, aparte de expender los famosos sombreros Tudela.miércoles, 17 de enero de 2018
Jueves santo de 1937 sangriento
![]() |
| Cosme Alterio, cuarto de izquierda a derecha |
Para
el jueves santo de 1937, ocurre una de las tragedias más nefastas para la
historia religiosa de Barcelona. Desde la Diócesis de Guayana, a la cual estaba
adscrito el estado Anzoátegui, el obispo Miguel Antonio Mejías prohibió la
salida de la procesión del Cristo Crucificado, el cual recorrería los
alrededores de la plaza Boyacá desde las seis de la tarde hasta la cuatro de la
mañana del día siguiente.
La
orden recibida por el párroco de la Iglesia San Cristóbal, hoy catedral, Cosme
Alterio no fue acatada por la
feligresía, quien, siguiendo instrucciones de Monseñor Mejías, solicitó el
apoyo del ejército para evitar el paseo. Un teniente de apellido Ravell, fue el
encargado de conducir la tropa hasta la catedral de Barcelona. Ante el llamado
de atención de que se acercaran a la iglesia, la cual no fue acatada, conllevó
a que los militares dispararan contra la multitud, situación que suscito varios
muertos y heridos. Aún en el pedestal de la estatua del General José Antonio
Anzoátegui, en la plaza Boyacá, se observa el impacto de uno de los tiros de
fusil.
Construcción del puente sobre el río Neverí
La
historia registra que en 1796 se terminó la construcción del puente sobre el
río Neverí, cuyos trabajos fueron costeados por parte de los vecinos de
Barcelona y las limosnas provistas por la iglesia de la época, el cual tuvo uso
hasta 1856.
Ese
mismo año se inició el empedramiento de la Nueva Barcelona. Estos trabajos
comenzaron por la plaza Mayor, para continuar en todo lo que es el actual casco
histórico de la ciudad capital.
Para
la supervisión de estas obras vino a Barcelona el Gobernador de Cumaná, Vicente
Emparan, quien contribuyó con cierta cantidad de dinero para la culminación. Emparan
fue el mismo capitán general de los sucesos del 19 de abril de 1810.
Cruz de mayo en Barcelona
Una
de las tradiciones más arraigada en Barcelona, en las décadas intermedias del
siglo veinte, fueron los velorios de cruz de mayo. Allí donde actualmente se
encuentra la sede del Consejo Legislativo Estadal, los vecinos se daban cita
debajo de los cocales que abundaban en ese sector para venerar al santo madero.
En
la calle siempre eterna calle San Carlos, los vecinos adornaban con bambalinas
el sitio de la fiesta de mayo, aparte de colocar en las puertas de sus casas
palmas de coco.
Los
comensales, a partir de las seis de la tarde cada residencia colocaba un fogón
para preparar ricas empanadas y para los tomadores se expendía todo tipo de
bebidas, donde resaltaba el vino y la famosa colita Le Glaciere, con la cual
preparaban la cola con rabo, una mezcla de ron con ron, especialmente para las
mujeres.
Gran Salón El Vesubio
En
las décadas de los años 30 y 40, funcionaba en las cercanías de la plaza
Boyacá, entre las calles Bolívar y San Carlos, un gran salón de diversiones,
conocido como El Vesubio, propiedad de Pedro Ojeda. Allí, las personalidades de
la sociedad barcelonesa tenían un salón especial para compartir las fiestas más
importantes del año con sus familiares y amigos.
El
común de la gente, proveniente de Cayaurima, Palotal, La Aduana y otros
barrios, ocupaban un salón, donde el expendio de bebidas no era igual a los
señores adinerados de la Barcelona de mitad del siglo veinte. Mientras que los
pequeños disfrutaban de los helados conocidos como Popsiscle, distribuido por
la empresa de Henrique Otero Vizcarrondo.
Plaza Boyacá desde la colonia a los 40
Desde
épocas de la propia colonia hasta mediados de los años 40, era costumbre que en
la plaza Boyacá de Barcelona, las personas adineradas en sus paseos no se
reunían con el común de la población.
Las
familias poderosas tenían reservadas las caminerías centrales, mientras que los
que no reunían las condiciones de la ciudad mantuana, solo hacían uso de las
aceras adyacentes a la plaza mayor.
Este
hecho ocurría comúnmente los días domingo, durante la retreta ofrecida por la
Banda Marcial del estado Anzoátegui. Para cumplir con esta norma la plaza
Boyacá, durante mucho tiempo, estuvo enrejada para cumplir con esta tradición
impuesta por las autoridades españolas en época de los primeros conquistadores.
martes, 16 de enero de 2018
Primeras casas alrededor de la Plaza Mayor
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