La historia del suministro de agua en Barcelona es una crónica que evoluciona desde el uso rudimentario del río Neverí en la época colonial hasta la creación de los grandes sistemas metropolitanos del siglo XX.
Durante
siglos, Barcelona ha dependido exclusivamente del Río Neverí. No existía un
acueducto en el sentido moderno; el agua se obtenía directamente del río o de
pozos artesanales. El Puente Real de los Españoles, construido a finales del
siglo XVIII, no era un acueducto, pero fue la obra de ingeniería civil más
importante que facilitaba el acceso y control del paso sobre el río hacia la
ciudad.
Vicente
Emparan, Gobernador de la Provincia de Nueva Andalucía y más tarde Capitán
General de Venezuela, tuvo un papel relevante en el desarrollo urbano de
Barcelona a finales del siglo XVIII. En 1796, supervisó el empedrado de las
calles de la "Nueva Barcelona". En el contexto del suministro de
agua, esto se traducía en esfuerzos por mantener la higiene del río Neverí, que
era la fuente vital de la ciudad, evitando que se convirtiera en un foco de
enfermedades.
En
la Barcelona colonial, la recolección y el acceso al agua eran procesos
manuales y rudimentarios que dependían totalmente de la cercanía al río Neverí
y de la capacidad económica de las familias. Dado que no existían tuberías,
surgió el oficio del aguador, conformado por esclavos o personas de estratos
humildes, que bajaban a las orillas del río con mulas o burros cargados con
barricas de madera o grandes tinajas. Recorrían las calles empedradas del
centro histórico vendiendo el agua casa por casa. Este sistema era el más común
para el pueblo llano.
En
las casonas de las familias ricas era común la construcción de aljibes. Eran
tanques subterráneos que recogían el agua de lluvia que caía sobre los techos
de tejas. El agua bajaba por canales de madera o barro hacia la cisterna. Para
mantener el agua fresca y "limpia", se utilizaban piedras de destilar,
conocido como tinajeros que filtraban las impurezas por goteo hacia una jarra
de barro. El tinajero consistía en un mueble de madera con una piedra porosa en
la parte superior por donde el agua se filtraba lentamente, cayendo gota a gota
en una vasija de barro que la mantenía fría por evaporación.
En
los patios traseros de muchas viviendas se excavaban pozos para alcanzar el
nivel freático. Aunque el agua de pozo servía para el aseo de la casa y el
riego de pequeños huertos, a menudo era "salobre" o se contaminaba fácilmente por la cercanía
de las letrinas, lo que generaba constantes brotes de enfermedades.
Entre
las curiosidades de la época, las lavanderas iban directamente al río a lavar
la ropa, golpeándola contra las piedras. Este era un punto de encuentro social
muy importante, pero también una fuente de contaminación para el agua que se
consumía río abajo.
Por otra parte, Nicolás Rolando impulsó el primer intento serio de acueducto por tuberías para la ciudad. Rolando, además de ser un caudillo militar y Presidente del Estado Anzoátegui, era un hombre de negocios que buscaba modernizar Barcelona para asemejarla a las ciudades europeas que conocía.
Hacia
1890-1895, bajo su influencia y gestión, se iniciaron las gestiones para traer
materiales de Europa. Se importaron tuberías de hierro galvanizado y hierro
fundido, que para la época eran el grito de la tecnología. A diferencia de las
plantas modernas, el sistema de Rolando era mucho más sencillo pero ingenioso
para su tiempo. Se instaló una bomba accionada por vapor a orillas del río
Neverí.
La
bomba se situó en las inmediaciones de la antigua Aduana de Barcelona. Este
lugar era el corazón del comercio fluvial y el punto más accesible desde el
centro de la ciudad hacia el río. Al estar ubicada allí, la bomba podía succionar
el agua directamente de la corriente principal del Neverí para enviarla hacia
el centro histórico.
Desde
esa ubicación en la orilla del río, las tuberías de hierro, importadas de Europa
por gestiones de Rolando, subían por las calles principales hasta llegar a la
Plaza Mayor (hoy Plaza Boyacá): Donde se instaló una de las principales
"pilas" o fuentes públicas. También se facilitó el acceso al agua
para los vecinos de la zona de la Ermita del Carmen.
La
zona de influencia de este primer acueducto estaba entre el Teatro Cajigal y el
Puente Bolívar o Puente Real. La bomba se encontraba "río abajo" del
puente, aprovechando la infraestructura del puerto de la Aduana que Rolando
también ayudó a dinamizar. Se eligió ese punto porque el río Neverí presentaba allí
un caudal constante incluso en sequía.
La
bomba funcionaba inicialmente con vapor, un gran avance tecnológico para la
Barcelona de la época, que permitía elevar el agua los pocos metros de altura
necesarios para que recorriera el centro por gravedad una vez alcanzado el
nivel de las calles.
El
agua se bombeaba a través de tuberías que llegaban principalmente a las fuentes
públicas o pilas y a las casas de las familias más influyentes del centro. Se
instalaron pilas o tomas públicas donde la gente podía llenar sus cántaros,
reduciendo la necesidad de que los aguadores bajaran directamente al río con
las mulas.
En
las calles que rodean la Plaza Boyacá, todavía existen tramos de las antiguas
tuberías de hierro fundido. Debido a su antigüedad, son las que más sufren de
sedimentación, se llenan de "costras" de minerales que reducen la
presión. La calle Juncal es una de las arterias más antiguas. Aquí se
instalaron ramales que conectaban directamente con la bomba de la zona de la
Aduana. La calle Bolívar cruza el corazón del centro y es donde se ubicaban las
casas de las familias que primero tuvieron "agua por tubería". La Calle
Ricauter tradicionalmente ha albergado tuberías matrices que bajan desde la
zona del río hacia el interior del casco comercial.
El
sistema de Rolando enfrentó varios obstáculos que impidieron que durara mucho
tiempo. Rolando fue el líder de la "Revolución Libertadora" contra
Cipriano Castro, lo que sumió a la región en conflictos que descuidaron el
mantenimiento de las obras públicas. Al ser agua directa del río, durante la
época de lluvias las tuberías se tapaban con el lodo del Neverí. La ciudad
pronto superó la capacidad de la pequeña bomba instalada.






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