Cuenta el periodista Alfredo
Mejías que para los años 30 y 40, en Barcelona funcionaban tres zapaterías, una
de ellas estaba en la calle Juncal, propiedad de los Bajares Lanza, donde
actualmente funciona el depósito de la alcaldía del municipio Simón Bolívar.
Otra venta calzados estaba regentada por la familia Parella, fabricante de
zapatos italianos y la tercera en la calle Bolívar adyacente a la calle San
Carlos. Dice el otrora telegrafista y comunicador social Mejías que ponerse un
traje elaborado por cualquiera de los tres sastres de Barcelona, que laboraban
en esa época, era una obra de arte. Los confeccionistas, representado por
Emilio Ojeda, Laureano Peraza y Pedro Scott. Para ello, utilizaban siete varas
de tela, para luego tomar las medidas y coser el modelo solicitado por el
cliente, aparte de expender los famosos sombreros Tudela.
1 comentario:
Anónimo
dijo...
Interesante comentario, pero la corrupción es un mal de la raza humana, siempre ha existido y siempre existirá. Tal vez con la evolución se irá curando este mal. Esperar que los que gobiernan Venezuela o cualquier pais del mundo, sean consientes y quieran impartir justicia con respecto a la corrupción, es como pretender que un arbol de Ponsigué de Manzanas.
1 comentario:
Interesante comentario, pero la corrupción es un mal de la raza humana, siempre ha existido y siempre existirá. Tal vez con la evolución se irá curando este mal. Esperar que los que gobiernan Venezuela o cualquier pais del mundo, sean consientes y quieran impartir justicia con respecto a la corrupción, es como pretender que un arbol de Ponsigué de Manzanas.
Publicar un comentario