miércoles, 17 de enero de 2018

Plaza Boyacá desde la colonia a los 40

Desde épocas de la propia colonia hasta mediados de los años 40, era costumbre que en la plaza Boyacá de Barcelona, las personas adineradas en sus paseos no se reunían con el común de la población.
Las familias poderosas tenían reservadas las caminerías centrales, mientras que los que no reunían las condiciones de la ciudad mantuana, solo hacían uso de las aceras adyacentes a la plaza mayor.
Este hecho ocurría comúnmente los días domingo, durante la retreta ofrecida por la Banda Marcial del estado Anzoátegui. Para cumplir con esta norma la plaza Boyacá, durante mucho tiempo, estuvo enrejada para cumplir con esta tradición impuesta por las autoridades españolas en época de los primeros conquistadores.

martes, 16 de enero de 2018

Primeras casas alrededor de la Plaza Mayor

Luego de la reubicación de Barcelona el primero de enero de 1671, hecho realizado por Sancho Fernández de Angulo, comenzaron a edificarse las primeras viviendas alrededor de la plaza Mayor. Uno de ellas, fue la vivienda de don Diego Bernardino Martínez de Campos, esposo de doña Ana Celerina de Castro. Para la cual se utilizaron caña amarga, tierra, madera y tejas. La historia precisa que la matrona barcelonesa hacia extender una alfombra desde su casa hasta la Iglesia San Cristóbal. En su residencia hizo construir un altar para orar desde allí, luego de la muerte de su esposo, quien fuera sepultado en la catedral de Barcelona, bajo una dispensa papal, hecho ocurrido  el 24 de octubre de 1773.

Primeras zapaterías de Barcelona

En el siglo diecinueve, Barcelona se distinguía por tener tres establecimientos de zapatería, los cuales recibían materiales de Europa, Las Antillas y Caracas. La tecnología de la época, permitió a uno de estos negocios tener una máquina de clavetear al tornillo. Sin embargo, la elaboración de alpargatas, era la de mayor consumo, las cuales eran adquiridas tanto por pobres y ricos. Este calzado fabricado en Barcelona tenía el valor de Un venezolano, moneda de curso legal en Venezuela  entre los años 1871  y 1879, equivalente a cien centavos de Bolívar.

lunes, 15 de enero de 2018

Piar arriba a Barcelona



Con el fin de seguir con la gesta libertaria para desalojar a los españoles del territorio venezolano, el 24 de septiembre de 1816, arriba al Puerto de Barcelona, una flechera con 1500 hombres abordo, bajo la conducción del General Manuel Piar, para reforzar las tropas comandadas por Gregory Mac Gregor, quien estaba acantonado en la plaza militar de Barcelona, para defenderla del acecho del Brigadier Francisco Tomás Morales.

Luego de celebrada una misa en la Iglesia de San Cristóbal, los patriotas se dirigieron a la plaza Mayor, en la cual se revisó la conformación del ejército republicano. Durante varias horas de intercambiar ideas, los soldados de la patria decidieron reconocer a Piar como el jefe supremo de las tropas nacionalistas.

domingo, 14 de enero de 2018

Nicolás Rolando

Nicolás Rolando
El estallido de un movimiento armado, liderado por Cipriano Castro, fue el inicio de la revolución Liberal Restauradora en mayo de 1899. Para esa época Nicolás Rolando era uno de los caudillos con mayor prestigio y poder efectivo en la región oriental de Venezuela.
El General Nicolás Rolando nació en Barcelona, 27 de enero de 1858. Farmacéutico de profesión, en 1893, fue designado secretario general del Gran Estado Bermúdez y en 1894, resultó elegido presidente constitucional de este estado. Entre 1894 y 1897, dirigió la construcción de la plaza Boyacá, el teatro Cajigal, la Ermita El Carmen, en Barcelona. Senador principal por el estado Bermúdez, en febrero de 1898 fue encargado por el presidente Ignacio Andrade para fundar el Despacho de Agricultura, Industria y Comercio.
En  1902 se levanta en armas contra el propio Cipriano Castro y participa en diversas batallas. En la región de El Guapo es derrotado. Libra su última batalla de la Libertadora entre los días 19, 20 y 21 de julio de 1903. Pero fue derrotado nuevamente. Rolando fue enviado preso  al castillo de San Carlos. Liberado en 1906 fue desterrado a Nueva York. Murió en Caracas el 16 de febrero de 1914.

martes, 6 de junio de 2017

San Celestino el santo más venerado por los barceloneses


Nunca imaginó Fernando del Bastardo y Loayza, párroco de Barcelona que construir la Iglesia de San Cristóbal, para luego ser consagrada, el 10 de octubre de 1773, por el Obispo de Puerto Rico, Dr. Manuel Giménez Pérez, esto le serviría para que el ilustre prelado le donara, cuatro años después, a la feligresía el cuerpo de un mártir enterrado en el cementerio romano de San Lorenzo.
“Padre Bastardo, es tanto mi amor hacia Barcelona que San Celestino será el venerable protector de este gran pueblo”, dijo Monseñor Giménez Pérez al párroco barcelonés, nacido allí mismo frente a la pequeña iglesia, en la calle Santa San Cristóbal, en los primeros años del siglo XVIII.

Donativos
El presbítero Fernando Bastardo, con la edad aproximada a los 70 años, emparentado con la familia Freites y con una de las mujeres más acaudalada de la Barcelona colonial, Celerina Martínez de Castro, no encontraba como cubrir el traslado del cuerpo de San Celestino desde Puerto Rico. Sin embargo, su ascendencia sobre la población, permitió recolectar el dinero suficiente para emprender esta misión.
Desde 100 pesos hasta dos reales, poco a poco se fue recolectando la limosna. El traslado fue calculado en 750 pesos, que incluyeron urna, adornos para cuerpo del santo y su conducción hasta Barcelona. Incluso, el Dr. Manuel Giménez Pérez, Obispo de Puerto Rico, contribuyó con 100 pesos. Los pueblos de Cúpira y los llanos, también, dieron  aportes importantes.
Participa el Concejo Municipal
El padre Fernando del Bastardo y Loaiza, para darle mayor rigurosidad protocolar al traslado de San Celestino a Barcelona, se reúne con el Ilustre Cabildo para que encabezara la procesión marítima. El venerable Concejo Municipal, creado el 10 de abril de 1647, acordando designar al Alférez Real Sebastián Vicente Basegui, para presidir la comitiva local. Además, se integran Sebastián Alfaro, Sacristán Mayor de la iglesia y don José Ferrusola, factor de la Real Compañía Catalana, propietaria de la balandra que trasladaría el cuerpo del mártir romano. 
El 8 de octubre de 1777 comienza la travesía. Parte la embarcación por el puerto del Río, para desembocar por Apaicuar hacia el Mar Caribe. Es un viaje tranquilo, sin sobresalto. Los viajeros se encomiendan a Dios y a San Celestino, muerto en una oscura mazmorra en el año 250. Mientras tanto en Cádiz, España, Juan Antonio Jiménez, fabrica el ataúd para su “amortajamiento”.
Dos meses es el tiempo entre zarpe, llegada a Puerto Rico, retiro del cuerpo venerado, para definitivamente abatir las contundentes aguas de las Antillas para enrumbarse hacia la antiguas Indias Occidentales. 
Gran recibimiento
El 8 de diciembre de 1777, llega a Barcelona el cuerpo de San Celestino, procedente de Puerto Rico, luego de haber sido embarcado en la ciudad de Génova, teniendo como puerto alterno a Nueva Cádiz. A su ingreso a Barcelona por el rio Neverí, la santa imagen fue escoltada por San Cristóbal y Santa Eulalia, patrona de la capital, bajo fuertes cañonazos de cohetes, ruedas y truenos.  
Los oficios religiosos realizados en la benemérita Catedral fue oficiado por el sacerdote Fernando del Bastardo y Loaiza, párroco de Barcelona. Se cantaron maitines, vísperas  Vinieron multitudes de diferentes pueblos y villas del oriente. El día 11 de diciembre, el cabildo barcelonés aclamó a San Celestino mártir, patrono de la ciudad, decidiendo que cada cuatro de mayo su día.

Para siempre y desde ese momento, San Celestino se convirtió en el más venerado de todos los santos que reposan en la catedral. Han transcurrido 238 años y su cuerpo reposa en el mismo sitio donde se colocó su urna. A pesar de que la actual no es la original, allí bajo la custodia de San Félix y San Teófilo, los barceloneses colocan sus ofrendas y milagros para alabanza de Dios.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Casa Amarilla



Casa Amarilla, antiguo Paseo Aclamación. En tiempos de la colonia fue propiedad de don Sancho Hernández, quien la cedió el 27 de abril de 1810, para que se constituyera la Junta que reconoció el 19 de abril como inicio del proceso de indepedencia de Venezuela.