En
el siglo diecinueve, Barcelona se distinguía por tener tres establecimientos de
zapatería, los cuales recibían materiales de Europa, Las Antillas y Caracas. La
tecnología de la época, permitió a uno de estos negocios tener una máquina de
clavetear al tornillo. Sin embargo, la elaboración de alpargatas, era la de
mayor consumo, las cuales eran adquiridas tanto por pobres y ricos. Este
calzado fabricado en Barcelona tenía el valor de Un venezolano, moneda de curso
legal en Venezuela entre los años
1871 y 1879, equivalente a cien centavos
de Bolívar.martes, 16 de enero de 2018
Primeras zapaterías de Barcelona
En
el siglo diecinueve, Barcelona se distinguía por tener tres establecimientos de
zapatería, los cuales recibían materiales de Europa, Las Antillas y Caracas. La
tecnología de la época, permitió a uno de estos negocios tener una máquina de
clavetear al tornillo. Sin embargo, la elaboración de alpargatas, era la de
mayor consumo, las cuales eran adquiridas tanto por pobres y ricos. Este
calzado fabricado en Barcelona tenía el valor de Un venezolano, moneda de curso
legal en Venezuela entre los años
1871 y 1879, equivalente a cien centavos
de Bolívar.lunes, 15 de enero de 2018
Piar arriba a Barcelona

Con el fin de seguir con la gesta libertaria para desalojar a los españoles del territorio venezolano, el 24 de septiembre de 1816, arriba al Puerto de Barcelona, una flechera con 1500 hombres abordo, bajo la conducción del General Manuel Piar, para reforzar las tropas comandadas por Gregory Mac Gregor, quien estaba acantonado en la plaza militar de Barcelona, para defenderla del acecho del Brigadier Francisco Tomás Morales.
Luego de celebrada una misa en la Iglesia de San Cristóbal, los patriotas se dirigieron a la plaza Mayor, en la cual se revisó la conformación del ejército republicano. Durante varias horas de intercambiar ideas, los soldados de la patria decidieron reconocer a Piar como el jefe supremo de las tropas nacionalistas.
domingo, 14 de enero de 2018
Nicolás Rolando
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| Nicolás Rolando |
El General Nicolás Rolando nació en
Barcelona, 27 de enero de 1858. Farmacéutico de profesión, en 1893, fue
designado secretario general del Gran Estado Bermúdez y en 1894, resultó
elegido presidente constitucional de este estado. Entre 1894 y 1897, dirigió la
construcción de la plaza Boyacá, el teatro Cajigal, la Ermita El Carmen, en
Barcelona. Senador principal por el estado Bermúdez, en febrero de 1898 fue
encargado por el presidente Ignacio Andrade para fundar el Despacho de
Agricultura, Industria y Comercio.
En 1902 se levanta en armas contra el propio Cipriano Castro y participa en diversas batallas. En la región de El Guapo es derrotado. Libra su última batalla de la Libertadora entre los días 19, 20 y 21 de julio de 1903. Pero fue derrotado nuevamente. Rolando fue enviado preso al castillo de San Carlos. Liberado en 1906 fue desterrado a Nueva York. Murió en Caracas el 16 de febrero de 1914.
En 1902 se levanta en armas contra el propio Cipriano Castro y participa en diversas batallas. En la región de El Guapo es derrotado. Libra su última batalla de la Libertadora entre los días 19, 20 y 21 de julio de 1903. Pero fue derrotado nuevamente. Rolando fue enviado preso al castillo de San Carlos. Liberado en 1906 fue desterrado a Nueva York. Murió en Caracas el 16 de febrero de 1914.
martes, 6 de junio de 2017
San Celestino el santo más venerado por los barceloneses

Nunca
imaginó Fernando del Bastardo y Loayza, párroco de Barcelona que construir la
Iglesia de San Cristóbal, para luego ser consagrada, el 10 de octubre de 1773,
por el Obispo de Puerto Rico, Dr. Manuel Giménez Pérez, esto le serviría para
que el ilustre prelado le donara, cuatro años después, a la feligresía el
cuerpo de un mártir enterrado en el cementerio romano de San Lorenzo.
“Padre
Bastardo, es tanto mi amor hacia Barcelona que San Celestino será el venerable
protector de este gran pueblo”, dijo Monseñor Giménez Pérez al párroco
barcelonés, nacido allí mismo frente a la pequeña iglesia, en la calle Santa
San Cristóbal, en los primeros años del siglo XVIII.
Donativos
El presbítero Fernando Bastardo, con la
edad aproximada a los 70 años, emparentado con la familia Freites y con una de
las mujeres más acaudalada de la Barcelona colonial, Celerina Martínez de
Castro, no encontraba como cubrir el traslado del cuerpo de San Celestino desde
Puerto Rico. Sin embargo, su ascendencia sobre la población, permitió recolectar
el dinero suficiente para emprender esta misión.
Desde
100 pesos hasta dos reales, poco a poco se fue recolectando la limosna. El
traslado fue calculado en 750 pesos, que incluyeron urna, adornos para cuerpo
del santo y su conducción hasta Barcelona. Incluso, el Dr. Manuel Giménez
Pérez, Obispo de Puerto Rico, contribuyó con 100 pesos. Los pueblos de Cúpira y
los llanos, también, dieron aportes
importantes.
Participa el Concejo Municipal
El
padre Fernando del Bastardo y Loaiza, para darle mayor rigurosidad protocolar
al traslado de San Celestino a Barcelona, se reúne con el Ilustre Cabildo para
que encabezara la procesión marítima. El venerable Concejo Municipal, creado el
10 de abril de 1647, acordando designar al Alférez Real Sebastián Vicente
Basegui, para presidir la comitiva local. Además, se integran Sebastián Alfaro,
Sacristán Mayor de la iglesia y don José Ferrusola, factor de la Real Compañía
Catalana, propietaria de la balandra que trasladaría el cuerpo del mártir
romano.
El
8 de octubre de 1777 comienza la travesía. Parte la embarcación por el puerto
del Río, para desembocar por Apaicuar hacia el Mar Caribe. Es un viaje
tranquilo, sin sobresalto. Los viajeros se encomiendan a Dios y a San
Celestino, muerto en una oscura mazmorra en el año 250. Mientras tanto en
Cádiz, España, Juan Antonio Jiménez, fabrica el ataúd para su “amortajamiento”.
Dos
meses es el tiempo entre zarpe, llegada a Puerto Rico, retiro del cuerpo
venerado, para definitivamente abatir las contundentes aguas de las Antillas
para enrumbarse hacia la antiguas Indias Occidentales.
Gran recibimiento
El
8 de diciembre de 1777, llega a Barcelona el cuerpo de San Celestino,
procedente de Puerto Rico, luego de haber sido embarcado en la ciudad de Génova,
teniendo como puerto alterno a Nueva Cádiz. A su ingreso a Barcelona por el rio
Neverí, la santa imagen fue escoltada por San Cristóbal y Santa Eulalia,
patrona de la capital, bajo fuertes cañonazos de cohetes, ruedas y truenos.
Los
oficios religiosos realizados en la benemérita Catedral fue oficiado por el
sacerdote Fernando del Bastardo y Loaiza, párroco de Barcelona. Se cantaron
maitines, vísperas Vinieron multitudes
de diferentes pueblos y villas del oriente. El día 11 de diciembre, el cabildo barcelonés
aclamó a San Celestino mártir, patrono de la ciudad, decidiendo que cada cuatro
de mayo su día.
Para
siempre y desde ese momento, San Celestino se convirtió en el más venerado de
todos los santos que reposan en la catedral. Han transcurrido 238 años y su
cuerpo reposa en el mismo sitio donde se colocó su urna. A pesar de que la
actual no es la original, allí bajo la custodia de San Félix y San Teófilo, los
barceloneses colocan sus ofrendas y milagros para alabanza de Dios.
miércoles, 24 de agosto de 2016
Casa Amarilla
Casa Amarilla, antiguo Paseo
Aclamación. En tiempos de la colonia fue propiedad de don Sancho Hernández,
quien la cedió el 27 de abril de 1810, para que se constituyera la Junta que
reconoció el 19 de abril como inicio del proceso de indepedencia de Venezuela.
Casa doña Celerina de Castro
Ubicada
en la antigua calle Santa Eulalia (Bolívar), formó parte de las propiedades de
doña Celerina de Castro. En la parte contigua se encuentra el oratorio, donde
esta distinguida dama barcelonesa escuchaba misa.
El
12 de marzo de 1774, el Papa Clemente XIV concedió licencia para que se
realizaran estos oficiosos religiosos. Esta larga casa fue dividida, siendo un
construcción original desde la esquina de la calle San Carlos y la calle
Juncal.
lunes, 4 de mayo de 2015
José Antonio Cayetano de la Trinidad Anzoátegui Hernández
General
José Antonio Cayetano de la Trinidad
Anzoátegui Hernández nació en Barcelona, el 14 de noviembre de 1789. La casa
donde vió la luz el General Anzoátegui, en esa época se llamaba Calle El
Socorro, hoy bulevar 5 de julio.
Sus padres Juana Petronila Hernández, criolla
de esta ciudad y José Anzoátegui,
oriundo de Vazcongadas, provincia de
Guipúzcoa. Llegó a esta ciudad como
comerciante. Para ese fin instaló frente a la plaza Mayor de Barcelona,
donde funcionaba el mercado, una pulpería que exportaba alimentos hacia las
Antillas. Por lo tanto los Anzoátegui Hernández tenían una importante posición
en la sociedad barcelonesa.
Nuestro
héroe epónimo, orgullo de los barceloneses, era llamado entre la familia y sus
amigos como Toñito. Siempre sobresalía como líder nato y cabeza visible de su
grupo de amigos. Su sitio de correría se ubica en el barrio El Arroyo, lo que
hoy se conoce como Cayaurima.
Luego
de la declaratoria de independencia por parte de Barcelona, el 27 de abril de
1810, en octubre de ese año, José Antonio Anzoátegui, a los 21 años de edad,
decide ingresar a la Academia Militar del Coronel Sebastián de Blesa. Se ha
tejido una confusa información histórica, en la cual se señala al joven
Anzoátegui de acompañar a José María Sucre para entregar en Cumaná, una
proclama, oficio y el acta de la instalación de la Junta Provincial de
Barcelona, en la cual se separa de la primogénita del continente, la cual había
asumido a Barcelona como distrito, luego de la muerte de Juan de Orpí en 1645.
Quien acompaña a Sucre, es Don José Antonio Anzoátegui, el padre del futuro
héroe de Boyacá.
Formó
parte en la Campaña de Guayana en 1812, cuyas operaciones dirigía el general
Francisco González Moreno. Como Comandante Militar de Barcelona, intentó sin
éxito ayudar a las fuerzas de Francisco de Miranda, a quien escribe una carta
en los siguientes términos: “Juro al Ser Supremo morir en defensa de la
Patria y conservar los derechos de su libertad e independencia”. Al
triunfar los realistas, fue enviado preso a las bóvedas de La Guaira. En 1813
se reincorporó al ejército de Venezuela con el rango de capitán.
Es
curioso notar que la mayor parte de la guerra de independencia, la desarrolla
José Antonio Anzoátegui en los llanos venezolanos. Peleó en la batalla de
Araure en 1813 y la primera de Carabobo en 1814 y luego hizo bajo las órdenes
del General Rafael Urdaneta la retirada hacia la Nueva Granada. Y no se hace
mención de su nombre en los hechos de la Casa Fuerte.
Con
Bolívar actuó en las operaciones contra Santa Fe de Bogotá y se distinguió en
la toma de esa capital en diciembre de 1814. A consecuencia de esta lides de la
guerra, Anzoátegui vivió separado de su familia, de su amada Teresa Arguíndegui, y sus dos hijas: Calixta y
Juana.
En
un fragmento de una carta enviada a su esposa, el 28 de agosto de 1819,
Anzoátegui señala sus servicios militares en el llano venezolano al mando del
General Bolívar, cita: “Me nombraron, con el grado de Coronel, Jefe
del Estado Mayor del Ejército de Venezuela, y con este empleo le acompañé al
Apure, en donde este hombre prodigioso ha hecho milagros de estrategia para
salvar un ejército con 3.000 hombres de las garras de Morillo, contaba con
7.000. Es verdad que ha contado con la eficaz ayuda de hombres como Páez y sus
tenientes llaneros, a quienes se pueden llamar héroes, sin que este
calificativo les quede grande.”
Anzoátegui
fue comandante del batallón "Barlovento" integró la Junta de Guerra,
celebrada en 1815 en Turbaco, ante la cual presentó Bolívar la renuncia de su
cargo de Comandante de las fuerzas de la Nueva Granada. Era un soldado integro
y un oficial que no se solazaba con los grados militares.
En
1816 formó parte de la Expedición de Los Cayos (Haití), y testigo fiel del
apoyo que el presidente Alexandre Petión le dio a Venezuela para su
independencia. Anzoátegui formó parte de las operaciones que culminaron con la
toma de Angostura, en julio de 1817, de cuya plaza fue nombrado Gobernador en
septiembre del mismo año. Sin embargo, hay que mencionar la participación de
Anzoátegui en el desplazamiento de las tropas patriotas por los Valles de
Aragua, derrotando en Maracay a las fuerzas realistas. Su nombre se inscribe en
los triunfos de Quebrada Honda y El Alacrán. Ingresando a Barcelona, junto con
las tropas de Carlos Manuel Piar, para derrotar el 27 de septiembre de 1816 a
Francisco Tomás Morales, en la Batalla de El Juncal.
Formó
parte del Consejo de Guerra que se instaló el 3 de octubre de 1817 para juzgar
al general en jefe Manuel Piar, quien es fusilado el 16 de octubre de 1817. En
este orden, Anzoátegui es vocal de ese tribunal militar. La historia ha querido
cobrarle a Anzoátegui la propuesta de degradar a Piar. Sin embargo, es un hecho
que debe estudiarse para reivindicar ante la historia al General Anzoátegui.
En calidad de comandante de la Guardia de Honor
tomó parte en las operaciones de Calabozo y Valles de Aragua, lo que se conoce
como Campaña del Centro en 1818. Bajo las órdenes del general José Antonio Páez
combatió en la batalla de Cojedes el 2 de 5 de 1818) contra el mariscal de
campo Miguel de la Torre.
Con
Páez y Bolívar realizó la campaña de Apure en los primeros meses de 1819;
estuvo presente en la Junta de Guerra convocada por Bolívar en Mantecal, el 23
de mayo de 1819, cuando se decidió la ejecución de la campaña Libertadora de
Nueva Granada, de la cual formó parte como comandante de la División de Retaguardia.
El
7 de agosto de 1819, participa en la Batalla de Boyacá y, como Comandante de
Retarguardia, se cubre de gloria al franquear bajo el fuego enemigo el famoso
puente cuya toma decidió el triunfo de las armas patriotas. Es aquí donde
obtiene el ascenso a General de División con apenas 30 años de edad. No
obstante, se ha tratado de minimizar la heroicidad de Anzoátegui, dándole
crédito a Francisco de Paula de Santander, como constructor del triunfo de
Boyacá.
El
15 de noviembre de 1819, José Antonio Anzoátegui, luego de celebrado su
cumpleaños 30, es agasajado por sus compañeros de armas y los vecinos de
Pamplona. Un gran banquete engalana la residencia donde se lleva a cabo el
evento social. La jerga popular indica que luego de ingerir sus alimentos,
Anzoátegui se retira a su habitación, donde es esperado por una joven de 15
años. De tal manera, que aparentemente una embolia acabó con la vida de tan
insigne soldado de la Patria. Por ello, es necesario reubicar los restos del
Héroe de Boyacá, para proceder a investigar la causa de su muerte.
Bolívar
comentó: “Habría preferido yo la pérdida de dos batallones a la muerte de
Anzoátegui. ¡Qué soldado ha perdido el Ejército y qué hombre ha perdido la
República!”.
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